Científicos mantienen bajo vigilancia la evolución de El Niño 2026-2027, ante proyecciones que apuntan a un fenómeno de intensidad inusualmente elevada.
De acuerdo con los pronósticos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, el calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial, particularmente en la región conocida como Niño 3.4, mantiene abierta la posibilidad de que el fenómeno alcance niveles considerados históricos.
El Niño es un fenómeno climático que se presenta cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial se mantienen por encima de los valores normales. Ese calentamiento puede modificar la circulación de la atmósfera y alterar los patrones de lluvia y temperatura en diferentes regiones del mundo.
Para el periodo 2026-2027, los especialistas observan condiciones oceánicas que podrían favorecer un evento fuerte. De confirmarse este escenario, podrían registrarse cambios importantes en los regímenes de precipitación, sequía y temperaturas, aunque la intensidad y distribución de sus efectos todavía no pueden determinarse con precisión.
En distintas partes del mundo, un El Niño fuerte puede asociarse con periodos de lluvias por encima o por debajo de lo habitual, dependiendo de la región, así como con temperaturas más elevadas. Sin embargo, los efectos no son iguales en todos los territorios y también dependen de otros factores atmosféricos y oceánicos.
En el caso de México, el fenómeno podría modificar los patrones habituales de lluvia y temperatura durante los próximos meses. Esto puede traducirse en condiciones más secas o más lluviosas en determinadas regiones y en variaciones importantes de temperatura, pero todavía no existe suficiente certeza para establecer cómo afectará específicamente a cada estado.
Los especialistas advierten que la intensidad definitiva de El Niño aún depende de la evolución del océano y de la atmósfera. Por ello, los pronósticos se actualizan periódicamente y deberán seguirse durante los próximos meses.
El monitoreo será particularmente importante de cara al otoño y el invierno de 2026-2027, cuando podría definirse con mayor claridad la magnitud del fenómeno y sus posibles repercusiones climáticas para México y otras regiones del mundo.



