domingo, abril 5, 2026
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El mar no huele a pescado, apesta a petróleo: derrame obliga a pescadores de Veracruz a dejar la actividad

En playa Salinas, Alvarado, el olor a choquillo se ha ido porque desde hace un mes el irritante peste a petróleo se apoderó del mar y ahuyentó a las especies marinas.

«Aquí el mar ya no es azul, ni verde esmeralda… está revuelto, sucio, manchado», aseguran pescadores.

Jairo y su papá don Leopoldo, junto con otros pescadores, tienen miedo de saltar al mar: las manchas de chapopote le han ganado el espacio a las mojarras, el pámpano, las tortugas y otras especies que también optaron por alejarse.

Las idas a las seis de la mañana mar adentro, para tirar la red y pescar especies marinas, se han suspendido; el chapopote se las destruye y los 15 mil pesos que la presidenta Claudia Sheinbaum autorizó como indemnización «son insuficientes», dice Jairo Salgado Hernández.

Es viernes 3 de abril, plena Semana Santa, el sol abraza intenso y, aunque la pesca es la principal actividad que los mantiene vivos, los pescadores han decidido dejar el mar. 

«Son días difíciles, porque de 50 familias que nos dedicamos a la pesca aquí en playa Salinas, sólo uno o do compañeros salen a pescar, pero regresan sin nada», cuenta compungido Jairo.

Hasta antes de un mes, Jairo, su papá y más de 50 pescadores salían mar adentro y volvían con más de 20 o 30 kilos de tilapia o pámpano: «Alcanzaba para la venta y hasta para nosotros. Hoy los peces se han ido por el chapopote», narra.

El problema, lamenta Jairo, es que aunque los marinos y gente del gobierno están limpiando, el chapopote sigue arribando, no hay quien lo pare.

Jairo tira su mirada hacia el mar, observa, sostiene el silencio y, en poco rato, suelta un suspiro: «Está muy difícil para que se reanude la pesca«.

Los primeros días de marzo, cuando se asomó el hidrocarburo, los pescadores tiraban sus redes, pero las sacaban destruidas. No soportaban la fortaleza del chapopote. 

«Te imaginas, una sola red viene costando entre 5 y 6 mil pesos. Suma la gasolina todos los días, que está carísima, el aceite o aditivo, que cuestan como cien pesos, y sin ventas… no es posible sostenernos», señala.

Son casi las 10 de la mañana, Playa Salinas luce semidesierta: no sólo pescadores, también los peces y «muy pronto cualquier especie marina también se irán porque no pueden convivir con el combustible«, sostuvo.

Playa Salinas no es la única; las manchas de chapopote también han inundado las playas de Las Barrancas, Mata de Uva, Playa Azul, El Mulato, El Nanche, El Canal, Camaronera y Arbolillo.

Con 25 años como pescador, Jairo jamás había visto un mar tan contaminado. Don Leopoldo Salgado Henríquez, su papá, que le dobla en experiencia, asienta: «No, nunca había estado tan feo».

Sandalias al pie, sin playera, Jairo recorre playa Salinas, frente a la Cooperativa El Jurel. Paso a paso, lento, descubre manchas de chapopote sobre la arena, las piedras: «Mire cómo está, todo lleno de chapo».

Las lanchas, desde donde todos los días zarpan a la mar, han dejado la cadencia que sueltan cuando tientan el agua salada. El chapopote las mantiene estáticas, manchadas.

Ahí están estáticas las Rosas: Rosa Salvaje I y Rosa Salvaje II, lanchas de Jairo y Don Polo, ya desusadas, prietas por el chapopote, con las redes encima, en alerta para volver a la mar.

Playa Salinas, comunidad perteneciente a Alvarado, Veracruz, está a casi 20 minutos de la cabecera municipal, y aparenta calma.

Son días santos, pero las Rosas, los pescadores y el mar están confrontados.

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