Al combinar la ecología del paisaje y de criminología, una investigación logró revelar cómo ha evolucionado el tráfico ilegal de loros silvestres en las últimas tres décadas en México; además, el equipo científico desarrolló una herramienta interactiva que podría permitir a las autoridades anticiparse a la comisión de este tipo de delitos.
De acuerdo con la investigación, publicada este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, a lo largo de los últimos 30 años los traficantes de vida silvestre han capturado y vendido ilegalmente cientos de miles de loros silvestres nativos de México; por esta y otras causas, las poblaciones de estas aves se han deteriorado considerablemente.
El estudio y la herramienta fueron desarrolladas por científicos de las universidades Estatal de Arizona (ASU por el inglés) y Nacional de Australia (ANU), así como de World Wildlife Fund Mexico, quienes cartografiaron las rutas ocultas utilizadas para traficar loros silvestres a través de México, revelando dónde es más probable que actúen las redes criminales a continuación.
«La herramienta permite a las autoridades pasar de una postura reactiva a una intervención proactiva«, señaló Greg Asner, coautor y director del Centro para el Descubrimiento y la Conservación Global de la ASU; también afirmó que la herramienta podría ayudar a planear intervenciones.
«Al anticiparse al comportamiento delictivo e identificar los puntos críticos de tránsito, las fuerzas del orden pueden desplegar recursos estratégicamente para interceptar a los traficantes antes de que los animales lleguen a los mercados urbanos«, comentó Asner en un comunicado de la ASU.
Descubriendo rutas ocultas de tráfico
Para determinar cómo han cambiado las redes de tráfico a lo largo de las décadas, el equipo de investigación examinó más de seis mil registros de incautación de loros entre 1997 y 2024.
Así, el equipo descubrió que la mitad de las 20 especies de loros nativos de México analizadas se ven directamente amenazadas por la captura para el comercio ilegal de vida silvestre y que, desde 1993, ninguna especie de loro mexicano ha mejorado su estado de conservación.
El análisis indica que la captura ilegal es una de las amenazas más extendidas y de mayor impacto para las distintas especies y poblaciones de loros silvestres, rivalizando incluso con la pérdida de hábitat causada por la agricultura y la tala.
Para visualizar cómo se trasladan los loros de los bosques a los mercados urbanos, el equipo de investigación adaptó una herramienta de modelado que se usa para estudiar el desplazamiento de la fauna silvestre a través del paisaje en la cual se analiza el tránsito como si se tratara de una red eléctrica.
En el modelo, las poblaciones de loros silvestres actuaban como plantas generadoras de electricidad, los lugares de incautación servían como puntos finales en la distribución y la red de carreteras y caminos de México como un sistema de cableado conductor.
George Olah, autor principal del estudio señaló que las redes de tráfico de fauna silvestre no son estáticas, sino que se adaptan constantemente a las cambiantes condiciones sociales y económicas.
«Durante décadas, los esfuerzos para combatir el tráfico de fauna silvestre han sido mayoritariamente reactivos, respondiendo a las incautaciones una vez que estas ya han ocurrido», afirmó Olah.
«Al analizar datos de casi 30 años, descubrimos que estas redes criminales se adaptan de manera predecible a medida que cambian las condiciones socioeconómicas. Hemos observado cómo el comercio ha pasado de la captura oportunista en zonas rurales a cadenas de suministro cada vez más sofisticadas impulsadas por la demanda urbana«, explicó Olah. Polluelos de guacamaya amazónica de frente roja mantenidos en una aldea rural tras ser capturadas en su hábitat natural. Crédito: Rodrigo León Pérez / WWF México.
Los investigadores también descubrieron que, lejos de distribuirse al azar, la actividad de tráfico se concentra claramente a lo largo de una red de corredores de alto riesgo, especialmente en el sureste de México y la península de Yucatán, señala el comunicado.
Más allá de los loros
Olah señaló que la aplicación de esta herramienta va mucho más allá de la conservación de los loros: «Muchos grupos de crimen organizado utilizan los mismos corredores de transporte para mover diversos tipos de contrabando», comentó Olah.
Los investigadores afirman que este modelo podría ampliarse y adaptarse para investigar el tráfico de madera, fauna marina y otras formas de crimen organizado.
Por otra parte, la investigación actual del equipo de Olah incorpora datos forenses de ADN para determinar con precisión el origen de los animales traficados para reforzar aun más los procesos penales.
«Al integrar la teoría criminológica con la ciencia del paisaje, estamos proporcionando un nuevo arsenal de herramientas basadas en datos que pueden fortalecer la conservación de la biodiversidad y, al mismo tiempo, apoyar los esfuerzos transnacionales para combatir el crimen organizado», afirmó Olah.



