Oaxaca de Juárez, Oax., 27 de octubre de 2026.– Con la llegada de las celebraciones de Día de Muertos, las panaderías y mercados de Oaxaca se llenan de piezas tradicionales que forman parte de las ofrendas familiares. Entre ellas destaca el pan de yema decorado con una pequeña carita, una de las expresiones más reconocibles de la panadería oaxaqueña durante la temporada.
A diferencia de la versión más conocida en el centro del país, cubierta de azúcar y adornada con tiras de masa que simulan huesos, en Oaxaca es común encontrar panes con rostros elaborados y decorados para representar simbólicamente a los difuntos. También se preparan piezas con ajonjolí, figuras de animales y otras formas que varían de acuerdo con las costumbres de cada comunidad.
De los hornos a los altares
La preparación del pan representa una actividad importante para las familias dedicadas a la panadería tradicional. Durante estas semanas aumenta la elaboración de piezas destinadas tanto al consumo como a las ofrendas que se colocan en las viviendas y los panteones.
En los mercados de la capital oaxaqueña, el pan de yema con carita se comercializa en distintos tamaños y precios. Algunos comerciantes mantienen sus recetas familiares y procuran conservar los diseños tradicionales, mientras que otros incorporan nuevas presentaciones para atender la demanda de la temporada.
Sin embargo, la elaboración enfrenta el incremento en los costos de ingredientes como harina, azúcar y huevo, una situación que presiona los gastos de producción y los márgenes de ganancia de los comerciantes.
Variedad de panes en las comunidades de Oaxaca
La tradición panadera cambia de una localidad a otra. En San Pablo Villa de Mitla, por ejemplo, el pan de muerto decorado destaca por sus figuras pintadas a mano, que incluyen motivos florales, religiosos y prehispánicos, además de diseños personalizados para recordar a personas fallecidas y mascotas.
En esta comunidad zapoteca, la producción requiere el trabajo de panaderos y decoradores que elaboran cada pieza con detalles particulares. La actividad también ha alcanzado mercados fuera de Oaxaca, con pedidos enviados al extranjero durante la temporada.
En otras localidades, las familias incorporan panes de yema, regañadas y distintas figuras a sus ofrendas, de acuerdo con las costumbres que se transmiten entre generaciones.
Un alimento ligado a la memoria familiar
El pan de muerto ocupa un lugar en los altares junto a las flores de cempasúchil, las veladoras, las fotografías y los alimentos que disfrutaban las personas fallecidas. Su presencia forma parte de una tradición en la que la comida no solo se comparte, sino que también adquiere un significado simbólico relacionado con el recuerdo y la convivencia familiar.
En Oaxaca, comprarlo en los mercados, prepararlo en los hornos tradicionales o colocarlo en una ofrenda permite reconocer el trabajo de los panaderos y la diversidad cultural que acompaña las celebraciones de Todos Santos.
Así, cada temporada, el pan de muerto vuelve a las mesas y los altares como una expresión de la cocina tradicional oaxaqueña y de las formas en que las comunidades mantienen viva la memoria de sus seres queridos.


