En la historia del arte moderno existen artistas que representan el mundo y otros que construyen universos propios. Remedios Varo pertenece a esta segunda categoría.
Su obra propone un territorio donde ciencia, alquimia, imaginación y conocimiento se entrelazan. Sus pinturas parecen escenas surgidas de antiguos manuscritos herméticos o de laboratorios medievales, habitadas por alquimistas, científicos imaginarios y exploradores del misterio.
Durante su vida, la artista mostró un profundo interés por la alquimia medieval, la astrología, la cábala y diversas corrientes del pensamiento hermético. Estas influencias se reflejan en la construcción simbólica de sus pinturas, pobladas por máquinas misteriosas, laboratorios imaginarios y procesos de transformación que evocan las antiguas prácticas alquímicas.
En el universo pictórico de Varo, el arte funciona como una forma de conocimiento. Sus cuadros no representan simplemente escenas fantásticas: proponen un viaje intelectual y espiritual donde ciencia, imaginación y misterio se encuentran.
Dentro de la historia del arte del siglo XX, pocas artistas lograron construir un universo visual tan complejo y enigmático como Remedios Varo.
Sus pinturas parecen escenas surgidas de antiguos manuscritos alquímicos o de laboratorios medievales. En ellas aparecen científicos imaginarios, exploradores espirituales y figuras femeninas que buscan descifrar los secretos del universo.
A diferencia de muchos surrealistas que se concentraban en el mundo del sueño o del subconsciente, Varo desarrolló una pintura profundamente intelectual. En su obra, la imaginación no es simplemente fantasía, sino una forma de conocimiento.




Orígenes y formación académica
Remedios Varo nació en 1908 en Anglès, Girona, España, su padre, ingeniero hidráulico, tuvo una influencia decisiva en su formación. Desde niña le enseñó dibujo técnico, perspectiva y mecánica, habilidades que más tarde aparecerían reflejadas en las complejas estructuras arquitectónicas y mecanismos presentes en sus pinturas.
Varo estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde entró en contacto con las vanguardias europeas y durante la década de 1930 se trasladó a París, donde se integró al círculo surrealista liderado por André Breton.
Allí convivió con artistas e intelectuales que buscaban liberar la imaginación de las estructuras racionales tradicionales.
Durante ese periodo también mantuvo una relación con el poeta surrealista Benjamin Péret.
México: el territorio donde floreció su obra
El estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a muchos artistas europeos a abandonar el continente.
En 1941 Varo llegó a Ciudad de México, donde desarrollaría la etapa más importante de su carrera.
En México estableció una profunda amistad con Leonora Carrington. Ambas compartían intereses por la alquimia, la astrología y la filosofía hermética.
Las pinturas de Remedios Varo se distinguen por una combinación extraordinaria de precisión técnica e imaginación simbólica.
En sus composiciones aparecen torres góticas, laboratorios alquímicos, máquinas fantásticas, bibliotecas misteriosas y figuras femeninas dedicadas al conocimiento.
La atmósfera de sus cuadros es silenciosa y contemplativa, invitando al espectador a descifrar los enigmas que se esconden en cada escena.
Tres obras para entender su universo
La creación de las aves (1957) — Una figura híbrida —científica, artista y alquimista— crea pájaros mediante una máquina que transforma la luz en color.
Bordando el manto terrestre (1961) — Varias mujeres trabajan dentro de una torre bordando un enorme tapiz que representa el paisaje del mundo.
Exploración de las fuentes del río Orinoco (1959) — Un personaje navega hacia el origen de un río en una pequeña embarcación, metáfora del viaje interior y del conocimiento.
Las miradas de Octavio Paz y André Bretón
Por su parte, el poeta mexicano Octavio Paz destacó el carácter visionario de su pintura.
Paz observó que los cuadros de Varo parecían realizados “con los ojos más que con las manos”, subrayando la intensidad imaginativa de su obra.
El fundador del surrealismo, André Breton, también reconoció la singularidad de su trabajo. Tras su muerte en 1963 escribió que el surrealismo perdía “una hechicera que se fue demasiado pronto.”
Respecto a dónde ver hoy la obra de Remedios Varo, vale decir que su obra se encuentra en importantes museos y colecciones internacionales, y entre ellos destaca el Museo de Arte Moderno en Ciudad de México, que conserva algunas de sus pinturas más emblemáticas.
Su trabajo también forma parte de colecciones del Art Institute of Chicago y ha sido exhibido en instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO).
Sobre los los años más productivos de su carrera, Remedios Varo vivió en la colonia Roma de Ciudad de México, zona en la que también residieron varios artistas e intelectuales vinculados al surrealismo, entre ellos Leonora Carrington.
Hoy la casa donde vivió la artista se recuerda como uno de los espacios ligados al desarrollo del surrealismo en México.
En definitiva, dentro del surrealismo desarrollado en México, las trayectorias de Remedios Varo y Leonora Carrington representan uno de los diálogos creativos más fascinantes del siglo XX, pero Varo continúa fascinando porque propone una forma distinta de entender el arte.
En sus pinturas, la imaginación no es simplemente fantasía: es una herramienta para explorar el misterio del conocimiento. Remedios Varo no pintó el mundo que veía, sino el universo que imaginaba.
(*) La autora pertenece a una familia profundamente vinculada al arte y la cultura mexicana: es bisnieta del maestro Carlos Mérida y de la bailarina Ana Mérida. Su interés por el arte moderno latinoamericano forma parte de su historia familiar, además de llevar adelante su nueva galería.



