martes, abril 14, 2026
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Presentará “De vacaciones por la vida”, de Pedro Friedeberg, el MUPO

  • Obra escultórica y gráfica del recién fallecido artista ítalo-mexicano
  • La muestra también homenajea a la fotógrafa Nadja Massun

El Museo de los Pintores Oaxaqueños presentará a partir del 18 de abril y hasta el 2 de agosto la exposición “De vacaciones por la vida”, de Pedro Friedeberg (1939 – 2026), con dos obras escultóricas, una pintura y dos obras de gráfica, así como retratos del artista realizados por la fotógrafa Nadja Massun (República del Congo, 1963 – México, 2022). Esta muestra se integra con obras del acervo del MUPO y piezas facilitadas por coleccionistas locales.

Miles de niños mexicanos que estudiaron la primaria entre 1988 y 1992 tuvieron en sus manos el Cuaderno de Trabajo cuya portada fue la obra “Sin título”, de Friedeberg, invitado a ilustrar ese volumen de distribución masiva por la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito.

“De todos los artistas mexicanos de la segunda mitad del siglo XX, Pedro Friedeberg es el que inventó la obra más reconocible internacionalmente, aunque muchos no sepan el nombre del autor”, afirma el crítico y curador de arte James Oles sobre el arquitecto, escultor y pintor nacido en Italia en 1936 y fallecido en marzo de 2026 en la Ciudad de México, donde transcurrió su vida durante 87 años.

La muestra también permitirá al MUPO homenajear la memoria de la fotógrafa Nadja Massun, quien hizo buena parte de su existencia y de su carrera en Oaxaca, hasta que una enfermedad la privó prematuramente de la vida en 2022.

El crítico y curador James Oles, autor del único estudio extenso que existe sobre la obra de Friedeberg, hace notar que “sus dibujos arquitectónicos, las sillas-mano —ergonómicas y cómicas a la vez— atacan frontalmente el ‘buen gusto’ del modernismo corporativo”.

El futuro artista nació en 1936 en Italia. Sus padres, judíos alemanes, le dieron el nombre de Pietro Enrico Hoffman Landsberg. Sin embargo, los Hoffman se divorciaron en 1939 y la madre de Pietro huyó a México junto con su hijo, para refugiarse en casa de un primo lejano de apellido Friedeberg, quien se casó con la mujer.

En la Ciudad de México, el niño tuvo que insertarse en una sociedad en la que los extranjeros transterrados hubieron de adaptarse a las peculiaridades de un país que les resultaba tan incomprensible como tenebroso y fascinante.

El niño emigrado se fascinó con los edificios en que su nueva vida transcurría: la casa de sus abuelos, de estilo afrancesado, en la colonia San Rafael; el Colegio Madrid, con su torre, en Mixcoac; el Edificio Martí en la Colonia Escandón, de estilo art déco y con una fuente neoazteca.

En la década de 1950, al estudiar arquitectura en la Universidad Iberoamericana, Friedeberg recibió la poderosa influencia de su maestro Mathias Goeritz, el creador de las emblemáticas Torres de Ciudad Satélite e impulsor del arte informal abstracto en México.

Opuesto tanto a la estética nacionalista como al geometrismo abstracto, el trabajo de Friedeberg materializó diseños contraviniendo los principios de la arquitectura funcionalista.

Pero después de estudiar en la Universidad Iberoamericana en los años 50, Friedeberg dejó de lado la carrera de arquitecto moderno para volverse “el arquitecto de una vida artística asombrosa, fuera de toda sincronía”, señala su biógrafo Oles.

Friedeberg se desarrolló como artista en las décadas de 1960 y 1970. Jaime Oles cuenta que el artista creó en 1962 la primera versión de su hoy famosa silla en forma de mano, labrada en caoba por el mismo carpintero que apoyó a Mathias Goeritz con sus esculturas en madera. El artista de origen italiano planeó que su pieza fuese exclusiva. Pero recibió tantas peticiones para producirla masivamente, que elaboró otras versiones, a veces cubiertas de hoja de oro o de plata, o con base en forma de pie.

En 1963 Alice Rahon mandó una fotografía de la silla-mano a André Breton, lo que le valió a Friedeberg ser aceptado como miembro tardío del círculo surrealista. Fue un impecable símbolo de esa vanguardia artística, comenta Ole. Agrega que los dibujos de Friedeberg, “sus paisajes urbanos y naturalezas muertas y cajas esotéricas, siempre muy detallados y precisamente dibujados, pueden ser analíticos o sincréticos, obsesivos o perversos, inquietantes o divertidos, y todo ello a la vez”.

El curador y biógrafo de Friedeberg no omite admitir que el artista fue demasiado prolífico, “en particular en la producción de grabados y otras ediciones limitadas (o ilimitadas), algo que afectó y sigue afectando su reputación en las altas esferas de la cultura. Tuvo ansiedad de producir. Atrás y antes de todas esas serigrafías mal hechas existía un hombre de gran sabiduría, un tipo global, curioso, divertido, informado, sensible y, sobre todo, un brillante artista difícil de encajonar”, concluye el crítico y exegeta.

Pedro Friedeberg se consideraba de paso por la existencia, un individuo que no pertenecía a este mundo. Con ese talante, al publicar sus memorias les puso por título De vacaciones por la vida, el cual retoma la exposición que el MUPO presentará a partir del 18 de abril hasta el 2 de agosto de este año.

MUPO-JPC

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