En medio de una sesión marcada por insultos, confrontaciones y más de 14 horas de discusión, la Cámara de Diputados aprobó el llamado “Plan B” de la reforma electoral, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La minuta, que ya había sido avalada por el Senado de la República sin cambios, fue enviada a los congresos estatales para su validación, como parte del proceso constitucional.
El debate en San Lázaro evidenció la polarización política: legisladores intercambiaron descalificaciones, acusaciones personales y hasta insultos desde tribuna y curules, reflejando el clima de confrontación en torno a la reforma.
Sin embargo, mientras a nivel federal la discusión se prolongó durante horas, en Oaxaca el proceso fue muy distinto.
El Congreso del Estado de Oaxaca se convirtió en uno de los primeros en aprobar la minuta… y lo hizo en fast track.
En una sesión extraordinaria realizada durante la madrugada, las y los diputados locales avalaron la reforma por unanimidad, sin un debate de fondo ni confrontación visible, presentando la votación como un respaldo a la austeridad y la eficiencia gubernamental.
Desde tribuna, legisladores oficialistas defendieron la reforma como un avance histórico, destacando la reducción de privilegios y el fortalecimiento institucional; incluso presumieron el voto unánime como muestra de compromiso político.
No obstante, el contraste es evidente: mientras en el Congreso federal la reforma dividió posturas y generó una larga discusión, en Oaxaca bastó con levantar la mano para alinearse con una decisión ya tomada a nivel nacional.
Así, el “Plan B” avanza en los estados, en medio de cuestionamientos sobre la falta de análisis local y el papel de los congresos estatales como simples validadores de reformas federales.



