La Casa Blanca admitió que Estados Unidos realizó un segundo ataque contra sobrevivientes de una lancha bombardeada en septiembre en el Caribe, aunque insistió en que la operación fue legal y exoneró al secretario de Guerra, Pete Hegseth, de cualquier responsabilidad.
En conferencia, la portavoz Karoline Leavitt señaló que Hegseth no dio la orden directa y leyó un comunicado oficial que asegura que la acción ocurrió en aguas internacionales y bajo las leyes que regulan los conflictos armados.
Según el documento, el 2 de septiembre Hegseth autorizó al almirante Frank Bradley, entonces jefe del Comando de Operaciones Especiales Conjunto, a ejecutar “ataques cinéticos” contra embarcaciones consideradas parte de organizaciones narcoterroristas.
El caso salió a la luz tras una investigación de The Washington Post, que reportó que después del primer bombardeo, en el que murieron 11 personas, fuerzas estadounidenses lanzaron un segundo ataque para eliminar a dos sobrevivientes. Laavitt calificó de falsas esas versiones, pero evitó responder qué ley permitiría impedir que hubiera sobrevivientes.
La Casa Blanca justificó que estos operativos buscan frenar a grupos designados como organizaciones terroristas extranjeras que, según afirma, transportan drogas hacia Estados Unidos.
Mientras tanto, varios comités del Congreso ya iniciaron solicitudes de información y se preparan para revisar si estos hechos constituyen un posible crimen de guerra.



